ArabicBasqueBelarusianCatalanChinese (Simplified)DutchEnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
A los 53 años del Cordobazo

A los 53 años del Cordobazo

Una breve comparación crítica con el “Argentinazo” del 2001

Por Abel Bohoslavsky (post-mortem)

Las políticas oportunistas estructuradas por Nahuel Moreno con absoluta claridad desde 1982 estuvieron en la base del trabajo del MAS y la LIT-CI, y se desarrollaron todavía más en las llamadas Tesis de 1990. En Argentina, la Asamblea Constituyente, sin dejar claro quién tendría que convocarla, se transformó en un eje de aagitación desde 1982; fue abandonada la propaganda y la agitación de las formas soviéticas, los consejos de trabajadores.

Esto se fundamenta en el carácter de clase de la izquierda argentina, que en la fundamental y principalmente de izquierda “trotskista”, tiene una alta composición social de las clases medias de la población, principalmente de estudiantes de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, que dominan las direcciones.

El mal llamado “Argentinazo” de 2001 fue una rebelión democrática contra la institucionalidad democrática que NO tuvo una acción independiente del movimiento obrero. La participación más importante de la clase obrera fue por medio de los movimientos de desocupados –piqueteros– al que se sumó gran parte de la pequeño burguesía.

El término azo fue acuñado en el período de auge a partir del cordobazo de 1969. La característica típica de los cordobazos y rosariazos fue el predominio del movimiento obrero con presencia protagónica y rumbo independiente. Los azos fueron esencialmente proletarios, y sublevaciones violentas.

No hubo sentido proletario como en los azos. Quienes mal instituyeron ese concepto de “argentinazo” fueron todos los grupos trotskistas y el grupo maoísta PCR. Todos confundieron una situación de crisis de gobernabilidad con un una inexistente situación revolucionaria.

El clamor popular “¡Qué se vayan todos!” en nada se pareció al “gobierno obrero y popular” que se clamó en el Cordobazo. El factor fundamental en el punto álgido de la lucha fue el movimiento de desocupados y contra el hambre; la clase obrera casi no participó y nunca se planteó la cuestión de la lucha por el poder, salvo por la consideración de que las asambleas populares (de la clase media) eran embriones del doble poder (otra fantasía. El asambleísmo era muy democrático –“horizontalista”- pero en nada se parecía a un organismo de poder alternativo. Nunca tuvo las características de las coordinadoras fabriles de 1975.

En el 2001 la sindicalización no llegaba al 50%, no existía ninguna condición social para proponer consejos obreros. La política revolucionaria debería haber sido proponer consignas democráticas extremas, como la de renuncia de todos los gobiernos nacional y provinciales y una Constituyente. Las agrupamientos de izquierda, con un programa así, podrían haber tenido un papel importante. Pero las izquierdas se dedicaron a liquidar las asambleas intentando imponerles consignas radicalizadas que espantaron a los asambleístas.

Y practicaban métodos prepotentes que les acarrearon repudio. Tan débil era la relación de fuerzas frente a un poder que si estaba descompuesto, que ni siquiera se alcanzó una unidad de consignas y tampoco electoral, que hubiese sido muy importante. Los órganos de poder popular se cultivan con el tiempo y florecen en situaciones revolucionarias. Nada de eso existía.

La incomprensión de que era una rebelión democrática (no revolucionaria), pero que confrontaba a la democracia (existente) impidió que ese fenómeno democrático tuviese un rumbo revolucionario; se fortaleció la salida burguesa que recompuso la institucionalidad. Lo revolucionario era instigar el impulso democrático masivo y hacerlo chocar con la institucionalidad democrática burguesa).

La política de combinar una asamblea burguesa con los cuerpos de poder de los trabajadores (¡eso es lo que no existía!) nunca debe levantarse. Delirios similares llevaron a la derrota de revoluciones triunfantes, como la Revolución Boliviana de 1952 (la única liderada parcialmente por un partido “trotskista”), y a contener varias situaciones revolucionarias. De donde votan los burgueses y terratenientes, solo puede resultar el engaño de los trabajadores y las traiciones sin fin. E incluso si hipotéticamente, los reclamos triunfaren, sin el control del poder del estado será imposible ponerlos en práctica; e incluso lo que se pone en práctica se eliminará a continuación.

COMPARTIR:

Facebook
Twitter
Pinterest
LinkedIn

1 comentario en «A los 53 años del Cordobazo»

Deja un comentario

Plataforma Latino Americana