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EL ASESINATO DE LOS ROSENBERG

EL ASESINATO DE LOS ROSENBERG

No importa que tan honrada y digna sea la vida de un comunista, en una sociedad donde la injusticia quiera mantener su supremacía, siempre será perseguido pero nunca exterminado.

Por: Hugo Flores Del Carpio.
Perú, 25 de junio de 2022.

La cárcel de Sing Sing y la silla eléctrica.

La triste, conocida y fantasmal cárcel de Sing Sing fue construida en 1825 en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Es una cárcel con una larga historia, en ella se encontraba instalada la silla eléctrica, a donde eran sentados para su macabra ejecución, por electrocución, los sentenciados a la pena de muerte. La terrible prisión llegó a tener una población que fácilmente sobrepasaba los mil reclusos, ubicados en 6 pisos con la mayor severidad. Harris A. Smiler fue la primera persona en ser ejecutada en sus oscuras entrañas el 7 de julio de 1891, luego se contarían 614 personas electrocutadas hasta morir.

Asesinato de los Rosenberg en la silla eléctrica.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la injusticia, la persecución política y el terror al comunismo por parte del gobierno estadounidense, en los años de la llamada Guerra Fría, también dejarían su letal presencia en la silla eléctrica de Sing Sing. Un matrimonio conformado por dos comunistas estadounidenses, militantes del Partido Comunista de los Estados Unidos, el 19 de junio de 1953 fueron injustamente ejecutados, es decir, asesinados, electrocutados en la silla eléctrica de la terrible prisión. Ellos eran Julius y Ethel Rosenberg, ambos de origen judío nacidos en la ciudad de Nueva York. Julius era un ingeniero eléctrico nacido el 12 de mayo de 2018 y Ethel, secretaria, nacida el 28 de septiembre de 2015. Ambos se conocieron siendo militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas y se casaron en 1939, llegando a tener dos hijos.

El entorno político y la acusación de espionaje.

Los Rosenberg fueron acusados de haber transferido secretos nucleares norteamericanos a la entonces Unión Soviética. La acusación se realizó al amparo de la Ley de Espionaje de 1917 que penalizaba el apoyo a los enemigos de Estados Unidos durante la guerra. No había ninguna guerra con la URSS, pero estaba en marcha la guerra de Corea iniciada el 25 de junio de 1950. Estados Unidos apoyaba a Corea del Sur y la Unión Soviética lo hacía a Corea del Norte. Además, eran los tiempos de la primera fase de la Guerra Fría, con la Unión Soviética como enemigo principal, y la reciente creacion en 1949, de la alianza militar Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

En tales circunstancias de la vida política internacional se realizaría la acusación contra los Rosenberg. Al interior de los Estados Unidos, un oscuro personaje y senador republicano por el estado de Wisconsin (1947 a 1957), de nombre Joseph McCarthy, al borde de la paranoia, se dedicaba a buscar y a perseguir a comunistas, dirigentes sindicales y a personas sospechosas de simpatizar con el comunismo. Organizó y dirigió el Comité de Actividades Antiamericanas del Senado y desde esa instancia alcanzó su lamentable notoriedad realizando sus demenciales persecuciones. En aquella época, en los Estados Unidos se había generado un gran corriente anticomunista.

Los servicios de inteligencia estadounidense detuvieron a David Greenglass, un mecánico del ejército asignado al proyecto Manhatan según The New York Times. David era hermano de Ethel Rosenberg, y lo convirtieron en el testigo principal de la acusación, argumentando que su cuñado y esposo de su hermana Ethel lo había reclutado como espía a favor de la Unión Soviética y que su hermana Ethel transcribía las informaciones sobre los secretos nucleares. La declaración de David Greenglass fue ratificada por su esposa Ruth. A Julius lo arrestaron el 17 de junio de 1950 y la vida de los Rosenberg sufrió un dramático cambio.

El juicio y la sentencia.

En agosto de 1950 se convocó a un gran jurado federal y el juicio se inició el 6 de marzo de 1951. Nunca se presentaron pruebas que demostraran razonablemente la culpabilidad de los Rosenberg. La única y muy débil prueba que tuvieron fue la declaración de David. Pero ya todo estaba armado para hacerlo muy rápido, declararlos culpables y sentenciarlos a la máxima pena.

Así sucedió, el jurado los declaró culpables el 29 del mismo mes de marzo. A los pocos días, en abril, el juez Irving Kaufman los condenó a la pena de muerte por el delito de espionaje al servicio de una potencia extranjera y también los declaró culpables de las muertes estadounidenses en la Guerra de Corea al haber ayudado a la URSS a desarrollar la bomba atómica.

La solidaridad mundial.

Los Rosenberg nunca se declararon culpables, levantaron su voz y declararon al mundo su inocencia y el mundo los escuchó y se solidarizó con ellos. El caso adquirió resonancia mundial y se convirtió en el de mayor interés de todos aquellos casos que terminaron en la silla eléctrica y despertó una gran corriente de solidaridad que creía en la inocencia de los Rosenberg, pero eran comunistas y la farza tenía que continuar. La terca injusticia del gobierno estadounidense y de su presidente republicano Dwight D. Eisenhower desoyó todo y continuó con su libreto ya escrito. No hicieron caso a las apelaciones, a las cartas que les enviaban con un extenso listado de firmas. No escucharon los pedidos de clemencia, a los que se sumaron diversas personalidades coomo Albert Einstein y el mismo papa Pío XII.

Linchamiento legal.

El 19 de junio de 1953 consumaron su bárbara injusticia. Julius moriría a la primera descarga eléctrica y luego Ethel resistiría las dos primeras descargas, falleciendo en la tercera. El reconocido filósofo, escritor y político francés Jesn-Paul Sartre, refiriéndose al caso Rosenberg manifestó: “la ejecución de los Rosenberg es un linchamiento legal que mancha de sangre a todo un país”. Y así fue.

Eran inocentes.

Años después, estando ya en libertad, David diría que había recibido fuertes presiones y amenazas del FBI para inculpar falsamente a los Rosenberg, y tuvo que inculpar a su hermana para evitar que su esposa, también implicada, fuera procesada y qué prefería a su esposa viva antes que a su hermana.

En el año 1970, el FBI desclasificó los documentos relacionados al caso y salió a la luz la mentira y la gran farsa.

La Asociación Americana de Abogados reconstruyó décadas después todo el proceso judicial y llegó a la conclusión de que los Rosenberg eran inocentes y sus muertes fueron injustas.

Pável Anatólievich Sudoplátov, militar, uno de los espías más sobresalientes de la URSS y jefe de la KGB cuando los Rosenberg fueron juzgados, escribió en sus memorias que los Rosenberg jamás pertenecieron a las redes de espionaje de la Unión Soviética.

En la última carta que Ethel escribió desde la prisión dice con claridad: “No estoy sola. Muero con honor y dignidad sabiendo que mi esposo y yo seremos reivindicados por la historia”. Y la historia los reivindicó.

No importa que tan honrada y digna sea la vida de un comunista, en una sociedad donde la injusticia quiera mantener su supremacía, siempre será perseguido pero nunca exterminado.

Los Rosenberg… ¡Orgullosamente Comunistas!

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1 comentario en «EL ASESINATO DE LOS ROSENBERG»

  1. Un buen artículo
    Es macartismo anticomunista está vigente, no se puede ser ni progresista ni socialdemócrata que se lo sataniza como “comunista”. El mismo estilo de los neonazis, neoliberales y defensores del capitalismo.

    Responder

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