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¿Quién se beneficia del terrorismo?

Atentados en Paris (2015)

Los atentados de París de noviembre del 2015, fueron los mayores atentados terroristas en Europa hasta aquel momento.

La ciudad de París, fuertemente vigilada, fue golpeada por cuatro atentados terroristas que dejaron más de 150 muertos y más de 100 heridos. Además del Stade de France, donde se disputó el partido amistoso entre Alemania y Francia, se atacaron otros lugares que normalmente no serían objetivos, como un restaurante en la calle Alibert.

La sala de conciertos Bataclan, donde más de 100 personas estaban secuestradas por presuntos terroristas, fue invadida por la policía, dejando al menos 70 muertos.

El presidente francés François Hollande del PSF (Partido Socialista) declaró el Estado de Emergencia Nacional y cerró las fronteras.

Estos atentados se produjeron en el mismo año, y de la misma forma, que los atentados terroristas contra la revista vinculada a la extrema derecha, Charlie Hebdo, en enero del 2015.

Según información oficial difundida por la prensa burguesa, los responsables de ambos atentados estarían vinculados a militantes islámicos radicales que operan en Oriente Medio. Pero, al igual que con varios otros ataques terroristas, como los del 11 de septiembre de 2001, la evidencia que apareció en los videos parece desmentir las versiones oficiales.

En el caso de Hebdo, los terroristas gritaron “¡Alá Akbar!” o “Vengadores de Mahoma” y dijeron, en buen francés, que eran miembros de Al Qaeda. Pero en vez de destruir los materiales de la Revista, que eran muy ofensivos, se dedicaron a matar gente y hasta dispararle a un policía que resultó herido en el suelo.

Al no haber completado el objetivo y no mostrar interés en convertirse en mártires, los terroristas huyeron rápidamente de la policía. Estos “militantes” demostraron conocimientos militares y no iban vestidos de yihadistas, sino de comandos militares.

CONSECUENCIA 1: Fortalecimiento de la extrema derecha

El Frente Nacional de Marine Le Pen se convirtió en la segunda fuerza electoral. En las dos últimas elecciones pasó a la segunda vuelta con Macron; fue derrotada y facilitó la victoria de Macron con la “zanahoria” de que Macron defendía la “democracia” contra la extrema derecha.

La crisis del régimen político ha aumentado en Francia, en Europa y a escala mundial a medida que avanza la crisis capitalista.

En Alemania, el grupo nazi reciclado AfD ha capitalizado la crisis del gobierno de Gran Coalición de Angela Merkel por el tema de los refugiados y sigue fortaleciéndose con el nuevo gobierno mascota del imperialismo norteamericano.

El Partido Socialista Francés entró en franca crisis y presionado por los monopolios que, ante la caída de beneficios, exigen la adopción de medidas más duras tanto en política interior como exterior. La “nueva” derecha marioneta de la familia Rotschild, encabezada por Macron fue viabilizada; y por dos períodos.

Los ataques contra la revista Charlie Hebdo fueron aprovechados por el Frente Nacional para impulsar una campaña contra los inmigrantes, principalmente contra los originarios de las antiguas colonias francesas en el norte de África y Medio Oriente. La nueva extrema derecha europea intenta distanciarse del fascismo “clásico”, pero basta con pasar de inmigrante islámico a judío y las diferencias son muy pequeñas.

El ex presidente francés Nicolas Sarkozy no consiguió suceso al impulsar el reciclaje de la UMP (Unión por un Movimiento Popular), derechista, que ha sido rebautizada como “Los Republicanos”. Sarkozy derrotó a la extrema derecha que operaba dentro de la UMP, encabezada por Jean-François Copé. Pero, tal como lo intentó en 2012, cuando fue derrotado por François Hollande del PSF, no tuvo suceso al intentar apoderarse de algunas de las banderas de la extrema derecha.

La derecha tradicional sigue cumpliendo un papel importante en la defensa del régimen burgués en Francia, pero después del 2008, ya no cumple el papel central. Para engañar al pueblo, la burguesía precisó reciclar a la derecha y a diferencia de América Latina, no la disfrazó de “izquierda”.

En 2012, la burguesía imperialista apostó por la salida socialdemócrata. Después de que Hollande ganara las elecciones presidenciales, el PSF obtuvo la mayoría en el Parlamento. Hollande intentó poner en marcha una política de “crecimiento”, pero acabó desistiendo rápidamente, por el grado de la crisis, y él mismo se convirtió en uno de los líderes de la llamada “austeridad”.

Ante la presión de los monopolios, en abril del 2014, Hollande lo juramentó como primer ministro al elemento derechista del PSF y entonces ministro del Interior, Manuel Valls. Desde entonces, los ataques contra los trabajadores se intensificaron, aunque todavía no en la medida que quería la burguesía. Para esa tarea, escaló a Macron.

CONSECUENCIA 2: Más represión interna

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Del Acto Patriótico del 2001, en la base de las leyes “anti terror”

En agosto de 2015, el parlamento francés aprobó una Ley Antiterrorista que permite al gobierno investigar a los ciudadanos franceses de la misma manera que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de EE. UU. La resistencia contra la aplicación de la Ley ha sido muy fuerte, como lo ha sido contra los ataques que intentan liquidar el llamado “estado de bienestar”.

Es evidente que los ataques terroristas han sirvido para crear el clima favorable para la aplicación de esta Ley, exactamente lo que se hizo durante la Administración de George Bush Jr. en 2001, con la llamada Ley Patriótica, a partir de la cual el imperialismo yanqui comenzó a imponer la aprobación de leyes antiterroristas similares a escala mundial.

La “democracia” tiene un carácter de clase y está al servicio de la clase dominante. La democracia burguesa de hoy está a años luz de la democracia del siglo XIX. Es una democracia cada vez más reaccionaria, que ataca los derechos y libertades más elementales.

En Europa, incluso los gobiernos europeos más derechistas son mucho más tolerantes con las libertades democráticas que las caricaturas de democracia que tenemos en la mayoría de los países latinoamericanos y en otros países atrasados. Y el objetivo es precisamente aumentar el agarre general contra las masas.

El Consejo de Defensa, presidido por Hollande, aprobó rápidamente el refuerzo de los controles para contener la acción de los terroristas franceses que regresan del Oriente Medio. De un supuesto total de 1.800, 300 ya habían regresado.

Al crear una conmoción social, el objetivo ha sido provocar una división sectaria entre musulmanes franceses y no musulmanes. En el caso de Charlie Hebdo, que se había convertido en un experto en provocaciones antimusulmanas, la maniobra fue imponer sin más dilación la condena del atentado, ya que ello llevaría a los musulmanes de Francia a ser arrastrados por la política xenófoba (odio a los extranjeros) de la Revista, como cómplices de los asesinos.

El objetivo fue facilitar la aplicación de la Ley Antiterrorista, los ataques contra el “estado de bienestar” y el incremento de las acciones militares del imperialismo francés en el exterior.

Acciones similares han sido bastante comunes, además de los ataques a las Torres Gemelas en 2001. Esta política se había acentuado en la década de 1990 con la agudización de la crisis capitalista  la derrota de las llamadas políticas “neoliberales” con la guerra imperialista contra la ex Yugoslavia.

En la misma Francia, los servicios de inteligencia habían hecho pruebas a la población civil con ciertas drogas y apoyaron a la organización terrorista OAS en un intento de asesinar al entonces presidente Charles de Gaulle.

El 6 de febrero de 2014, los ministros del Interior de Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido establecieron que el regreso de los “yihadistas” europeos era una cuestión de seguridad nacional.

La llamada “guerra contra el terror” ha representado una tapadera para favorecer las ganancias de la guerra de los monopolios capitalistas, comenzando por el llamado complejo militar-industrial, en el que, en alguna medida, participan todas las grandes empresas. La propaganda demagógica dice que el objetivo sería “liberar” a la humanidad de la amenaza del “terrorismo”.

En América Latina, que no vive en una isla de fantasía, sino que está ubicada en un subcontinente controlado a hierro y fuego por el imperialismo norteamericano, se han aprobado leyes antiterroristas. ¿Y cuál es el objetivo? ¿El terrorismo o los movimientos sociales que hoy aún son débiles? ¿Los terroristas o los trabajadores que deberán entrar en movimienro en el próximo período contra la crisis capitalista?

CONSECUENCIA 3: Oriente Medio

Uno de los componentes fundamentales de los ataques terroristas fue favorecer una acción más amplia para “combatir el terrorismo” en la “fuente”, en Oriente Medio y en el Sahel, la región situada al sur del desierto del Sahara.

El imperialismo buscó actuar con más contundencia en Medio Oriente ante la necesidad de controlar el petróleo y el gas, y evitar el avance “exagerado” de Rusia, China e Irán. También estaba en juego la construcción y operación de varios gasoductos que llevarían gas a Europa; el lucrativo negocio de venta de armas y equipos de seguridad; control del tráfico de drogas, tanto en producción (Afganistán) como en transporte desde el sudeste asiático.

La llamada Nueva Ruta de la Seda China debería facilitar el comercio entre China y Europa a través de rutas más rápidas y diversas. Se incluirían varios países de Asia y Medio Oriente, proveedores de materias primas. El imperialismo francés, a través de una acción más fuerte en la región, buscó obtener una porción más grande del pastel.

Las alianzas realizadas por la política de Obama en Medio Oriente, no implicaba la ausencia de contradicciones. Debido a la agudización de la crisis capitalista mundial, las alianzas se han vuelto cada vez más fluidas, una especie de política de “sálvate si puedes” en un nido de serpientes, y el vale todo para salvar las ganancias de los monopolios.

Vale la pena recordar que detrás del imperialismo francés estaban los alemanes, con quienes trabajaron en un frente unido cerrado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Ambos enfrentan la agudización acelerada de la crisis capitalista.

Hasta ahora se ha producido el recrudecimiento de las contradicciones entre las potencias imperialistas y las potencias regionales, hasta ahora llegar a la Guerra en Ucrania.

Para el próximo período, el recrudecimiento de las contradicciones entre las potencias capitalistas deberá aumentar aún más.

El Medio Oriente sigue siendo uno de los escenarios donde el imperialismo estadounidense ha asignado un inmenso poder militar, pero también donde las contradicciones siempre han escalado en la historia.

El Estado Islámico, e incluso al-Qaeda, aparece como un grupo relativamente inofensivo frente a la acción de las potencias imperialistas y la reacción de Oriente Medio, una tapadera para el accionar de estas potencias en la región.

Hoy, la llamada operación Chammal de Francia en el Medio Oriente tuvo 12 cazabombarderos, con base en los Emiratos Árabes Unidos y Jordania. También hay una fragata y más de mil soldados y marineros. En el 2016, Hollande ordenó que entraran en acción el portaaviones Charles de Gaulle y varios otros buques de guerra. Ahora, como la mayoría de los atacantes habrían sido guerrilleros islámicos en Siria, el gobierno francés precisó ampliar su acción “preventiva” en Siria e Irak.

Los intereses del imperialismo francés no se limitan al Medio Oriente. En el llamado Sahel, las operaciones francesas se centraron en Mali, donde actuó con 3.000 soldados, 200 vehículos blindados, seis cazabombarderos, diez aviones de transporte y tres drones. Y se extiende a los países vecinos. Francia depende de estas antiguas colonias para el suministro de materias primas vitales como el uranio, en primer lugar, del que depende la industria nuclear francesa. El uranio existe principalmente en Níger, país vecino de Malí y muy desestabilizado por la crisis de Malí.

Por los intereses en juego y la acción de los principales partidos vinculados al régimen político francés, se nota que los ataques tenían detrás los intereses de los monopolios capitalistas que buscan desesperadamente salvar las ganancias de la crisis, pasando la factura a los propios trabajadores. y a los pueblos oprimidos.

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