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Recordando al Presidente Gonzalo a un año de su muerte

Recordando al Presidente Gonzalo a un año de su muerte

Se cumple un año del fallecimiento del Presidente Gonzalo en la Base Naval del Callao, donde cumplía cadena perpetua.

Publicación original en: Revolución Obrera

Se cumple un año del fallecimiento del Presidente Gonzalo en la Base Naval del Callao, donde cumplía cadena perpetua. La noticia de su repentina muerte despertó dolor en la clase obrera y en los pueblos oprimidos del mundo, y el odio mezquino de la reacción y el oportunismo que no le perdonan que se haya rebelado contra este podrido sistema capitalista, dirigiendo durante 12 años a las masas oprimidas del Perú en una guerra popular hasta que fue capturado junto a otros de sus camaradas el 12 de septiembre de 1992.

Pero, ¿quién era el Presidente Gonzalo? El Presidente Gonzalo era el nom de guerre del Dr. Manuel Rubén Abimael Guzmán Reynoso, un comunista marxista leninista maoísta y revolucionario peruano, fundador y presidente del Partido Comunista del Perú, organización más conocida por el nombre que le asignaba la prensa capitalista de: Sendero Luminoso. El camarada Gonzalo nació un 3 de diciembre de 1934 en la Hacienda “El Arenal” en el puerto de Mollendo en Arequipa, Perú. Hijo del contador de la hacienda, Abimael Guzmán y de Berenice Reynoso. Luego de completar sus estudios de primaria en Lima y en Arequipa, en donde resaltaría como un excelente y aplicado estudiante, se inscribe en la Universidad Nacional de San Agustín en Arequipa para realizar estudios superiores de Derecho y Filosofía, donde se graduaría con sus destacadas tesis tituladas: “El Estado democrático burgués” y “Acerca de la teoría del espacio de Kant”. En esos años universitarios decide vincularse al Partido Comunista Peruano, utilizando el alias de “Álvaro”. Su vinculación se hizo en 1953, el año en que murió el camarada José Stalin, “un gran marxista-leninista” como diría el mismo Gonzalo recordando sus inicios como revolucionario en su diálogo con un agente policial en la sede de la Dirección Contra el Terrorismo (DIRCOTE), luego de su captura.

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En 1960 se traslada a Ayacucho, donde es contratado como profesor de filosofía en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Estando allí se aloja en la casa del líder comunista local, Carlos La Torre, y conoce a la hija de este, Augusta La Torre -más adelante fundadora y dirigente del Partido Comunista del Perú, bajo el seudónimo de camarada Norah- con la cual contraería matrimonio en 1963. En esos años Perú vivía una época de agitación social, con huelgas obreras, movimientos campesinos y luchas estudiantiles, también hacían su aparición las primeras guerrillas peruanas como la del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y la del Ejército de Liberación Nacional (ELN). En ese contexto, el camarada Gonzalo o “Álvaro” fue encargado del Comité Regional “José Carlos Mariátegui” del Partido Comunista Peruano en esa región de Ayacucho, y participó en las protestas campesinas por la tierra y en las luchas de los estudiantes y maestros por sus reivindicaciones, siendo apresado en varias ocasiones.

En el plano internacional se libraba la lucha entre la China Popular y Albania en defensa del marxismo leninismo contra las posiciones oportunistas que defendía y promovía la Unión Soviética, en ese entonces dirigida por la camarilla de Jruschov. Esa lucha alentó los debates que se produjeron en el seno de varios Partidos Comunistas en el mundo, entre una línea revolucionaria y la línea oportunista. El Partido Comunista Peruano no fue la excepción y en su IV Congreso Nacional en 1964 se produjo la división en dos organizaciones que se diferenciaron añadiendo el nombre de sus respectivos órganos de información. Los “pro-soviéticos” en el PCP- La Unidad, liderados por Jorge Del Prado; en cambio, los “pro-chinos” quedaron en el PCP-Bandera Roja, liderados por Saturnino Paredes, en donde se encontraba Gonzalo. Al año siguiente, el camarada Gonzalo viajó por primera vez a China junto a la camarada Norah, allí recibieron entrenamiento político-militar. A su regreso, Gonzalo fue nombrado como jefe de personal de la Universidad San Cristóbal de Huamanga. En 1968, se dio el golpe de Estado liderado por el general Juan Velasco Alvarado, estableciendo una Junta Militar nacionalista burguesa, la cual contó con el apoyo del PCP-La Unidad. Este gobierno llevó a cabo varias reformas como la nacionalización del petróleo, así como un intento de reforma agraria con el fin de frenar el auge del movimiento campesino. Gonzalo participó en estos movimientos campesinos donde sería apresado nuevamente.

Luego de una de estas capturas y al agudizarse las contradicciones en el seno del PCP-Bandera Roja, se produce una nueva escisión en este partido, esta vez liderada por Gonzalo en 1970. Junto a otros camaradas, el camarada Gonzalo decidió reconstituir el Partido Comunista del Perú sobre una base ideológica y política revolucionaria que realmente organizara un proceso revolucionario en este país andino. Para llevar a cabo este fin se crearon los Centros de Trabajo Intelectual Mariátegui (CTIM), inspirados en la consigna de Mariátegui de “por el sendero luminoso del marxismo leninismo”. Los CTIM fueron grupos de estudio de marxismo que incluía principalmente a estudiantes y profesores. De esa institución surgieron varios cuadros políticos del nuevo Partido, los cuales se fueron fundiendo con el movimiento obrero y de masas. En 1973 se realiza el III Pleno del Partido Comunista que lideraba Gonzalo, allí se decidió crear los organismos generados, que eran organizaciones del proletariado en distintos frentes de lucha, en estos se encontraban: el Movimiento Femenino Popular, el Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas (MOTC), el Movimiento de Campesinos Pobres, el Movimiento Clasista Barrial, entre otros.

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Cartel del Movimiento Femenino Popular junto a un cartel del Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas (MOTC) llamando a “desarrollar la creciente protesta popular”.

En la II Reunión Nacional de Organismos Generados en 1977, se plantea la necesidad de organizar la lucha armada. Dos años después, al reconstituirse completamente el Partido, Gonzalo ingresa definitivamente a la clandestinidad. Mientras tanto, la Junta Militar que gobernaba el país desde 1968 convoca junto al partido APRA una Asamblea Nacional Constituyente que daría vida a la Constitución de 1979. El 7 de junio de ese año, en el día de la bandera del Perú, se realiza el IX Pleno Ampliado del Comité Central del Partido Comunista del Perú (PCP), allí el camarada Gonzalo pronuncia su discurso titulado “Por la Nueva Bandera” donde expone de manera poética la lucha que venía librando la línea revolucionaria desde hace tiempo:

«Muchos los llamados y pocos los escogidos. No somos los únicos. Todos estamos sujetos a la tempestad; el viento se lleva las hojas, pero va quedando el grano. En 1927 una gran tormenta y se cribó el PCCH. El Partido ha entrado a una gran tormenta, todo se va a incendiar; hace tiempo estamos por convertirnos en centro polar, ya comenzó la convergencia. Nuestro camino está bien; todos los problemas serán resueltos».

A su vez, llamaba a afianzar las convicciones para iniciar la guerra popular con el fin que la “nueva bandera” ondee en el Perú. “La masa está lista” y los comunistas peruanos “eran los incendiarios”:

«Somos los incendiarios; la masa está lista, la masa nos espera, quieren luz no sombras, quieren espadas no mantequillas, fuego no hielo. La izquierda debe cumplir su papel; el problema es simple, incluso para los que tienen alma dura; el problema es abrir el corazón con resolución, es fácil hacerlo, lo demanda la revolución. Basta de podridas aguas individuales, estiércol abandonado. Nueva etapa: lavarnos el alma, lavarnos bien. Pensar en la revolución y en el Partido que implica el pueblo y la clase; la necesidad lo exige, vayamos al fondo de nuestros problemas, pero sin envolver nuestros yoes, vayamos al fondo de nuestras posiciones para clavar en nuestras almas definitivamente la bandera del Partido».

Y así sucedió, en 1980 se realiza en la clandestinidad la Primera Escuela Militar del Partido Comunista del Perú en Chaclacayo, en el este de Lima. De esta escuela se gradúan 18 militantes. El camarada Gonzalo pronuncia su histórico discurso de “Somos los Iniciadores”, también conocido como ILA 80 por las siglas de “Iniciar la Lucha Armada en el 80”. Un 17 de mayo de 1980, en las primeras elecciones democráticas luego de los diez años de Junta Militar, el primer destacamento armado liderado por el PCP les prende fuego a las ánforas electorales en la localidad de Chuschi en Ayacucho.

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La guerra popular en el Perú iría creciendo en su influencia y en el territorio liberado. En las zonas donde actuó el Partido se fueron desarrollando recuperaciones de tierras e iban surgiendo nuevas relaciones sociales; las masas populares empezaron a organizarse en Comités Populares Abiertos como formas de nuevo poder del pueblo emancipado. Ese trabajo también se desarrolló en menor medida en las ciudades, el PCP llegó a tener la mayor influencia en el sindicato de maestros, entre el movimiento estudiantil universitario y en las barriadas populares de Lima. Incluso, fue muy significativo -y para el movimiento revolucionario es importante por las lecciones que puede aportar-, el trabajo que el PCP desarrolló en las cárceles, donde las mazmorras del reaccionario régimen burgués peruano se transformaron, gracias al trabajo militante, en luminosas trincheras de combate. El Partido Comunista del Perú tuvo un papel importante en la unidad de los comunistas al participar en el Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), una organización internacional que agrupaba a las organizaciones y partidos marxistas leninistas maoístas. La guerra popular en el Perú inspiró a otros procesos como la guerra popular en Nepal iniciada en 1996.

En los años que duró la guerra popular, el Presidente Gonzalo escribió varios documentos tales como “Por la nueva bandera”, “Sobre tres capítulos de nuestra historia”, “Desarrollar la creciente protesta popular”, “Comenzamos a derrumbar los muros y a desplegar la aurora”, “Sobre la campaña de rectificación con el documento: Elecciones, no: guerra popular, sí”, “la entrevista para El Diario”, entre otros.

Fue un fatídico 12 de septiembre de 1992, bajo el gobierno del reaccionario Alberto Fujimori, en que las fuerzas del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) capturaron al Presidente Gonzalo junto a otros miembros del Partido en una casa en el distrito de Surquillo en Lima. Ante unos jueces sin rostro fue condenado por el Estado capitalista peruano a cadena perpetua y encarcelado en la prisión de la base naval del Callao. No sin antes ser presentado en un traje a rayas ante los medios de comunicación capitalistas en una parafernalia tratando de mostrar a su trofeo, a un líder revolucionario derrotado y humillado, pero el Presidente Gonzalo aprovechó la situación y pronunció un discurso incendiario dirigido “a los camaradas del Partido Comunista del Perú, combatientes del Ejército Guerrillero Popular, pueblo peruano” 1.

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El Presidente Gonzalo con el puño en alto pronuncia su discurso desde la cárcel ante los medios de comunicación. (Foto: Reuters).

Tras varios años preso, aislado, sin que se le diera los tratamientos médicos correctos, el camarada Gonzalo muere en extrañas circunstancias el 11 de septiembre de 2021. El gobierno “progresista” del actual presidente Pedro Castillo, ese contrarrevolucionario rondero -nombre dado a los paramilitares en Perú, del cual Pedro Castillo hizo parte cuando era maestro-, celebró la noticia de su muerte y en un acto profundamente reaccionario decidieron no entregarle el cuerpo del revolucionario a sus familiares para que le pudieran dar sepultura; en su lugar, secuestraron el cuerpo hasta que lograron modificar en tiempo récord la Ley General de Salud incorporando un artículo que le otorgaba al Estado cremar los cuerpos de los fallecidos acusados por delitos de “terrorismo” o “traición a la patria”. Gracias a este artilugio el Estado capitalista peruano pudo cremar el cuerpo del Presidente Gonzalo el 24 de septiembre en el crematorio del Hospital Naval del Callo. El destino de sus cenizas se mantiene oculto.

Ese hecho con la muerte del Presidente Gonzalo demuestra que ni los muertos escapan al odio de la burguesía hacia los dirigentes del proletariado y las masas oprimidas. A su vez, que a las clases dominantes y todos sus lacayos les preocupaba que la tumba del Presidente Gonzalo se convirtiera en un punto de visita para los comunistas y revolucionarios de varias partes del mundo. La burguesía peruana aún tiene presente las tajantes palabras que el Presidente Gonzalo les dijo a sus captores, las cuales expresan el poder de las nuevas ideas comunistas que se abren paso por encima de todos “los recodos en el camino”. Con esas palabras recordamos a este gran dirigente revolucionario:

«Al fin y al cabo, al hombre le pueden quitar las cosas, menos lo que tiene acá; a nadie, así lo maten. Y si uno muere, esto queda en los demás y eso nunca se va a borrar».

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