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Las fórmulas de Petro para mantener las estructuras del narcoparamilitarismo

Las fórmulas de Petro para mantener las estructuras del narcoparamilitarismo

Bases Esmad y la “reforma tributaría”, el ejemplo de Petro como el progresismo que impulsa los EUA. ¿Pero cómo estar bien con Dios y con el Diablo?

El gobierno de Petro avanza en algunas medidas democráticas, como por ejemplo, buscar acuerdos de paz con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), las disidencias de las FARC y varios otros grupos armados, reatar las relaciones diplomáticas con Venezuela y algunas medidas importantes, pero no que ponen en jaque las estructuras del estado narcoparamilitar por excelencia en América Latina.

El ESMAD, la tropa de choque de la policía colombiana sigue actuando impunemente.

Ni siquiera una única palabra ha sido dicho sobre las nueves bases norteamericanas que existen en el país. Y si ahí están por algo será!

Y mucho menos es dicho sobre la estructura del régimen colombiano, basado en el narcotráfico.

Ese modelo data de la liquidación de los carteles de drogas tradicionales, a partir de la década de 1980.

Los carteles tradicionales fueron sustituidos por carteles controlados directamente por organismos imperialistas como la DEA y la CIA.

El país fue dividido entre esos carteles. Tasas son pagadas a el estado colombiano que los controla.

El gran beneficiado en ese esquema es el imperialismo norteamericano que usa esos recursos para mantener sus altos costos militares por medio de operaciones secretas, que no pasan por el Congreso.

El caso de la “reforma tributaria” es muy significativo porque Petro busca fórmulas para no afectar a los grandes capitales. Precisa de esos recursos para programas sociales, principalmente para contener la creciente pobreza. ¿Pero cómo estar bien con Dios y con el Diablo?

El fracaso del Uribismo

El Uribismo representa la materialización política más clara del estado narcoparamilitar, aplicada principalmente en los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez y en el gobierno de Iván Duque.

Las consecuencias fueron las grandes manifestaciones populares en varias ciudades importantes que duraron dos meses y que solo fueron rotas con muchísima represión.

Esa fue la base de la entrada en campo del “bombero” Petro, de la misma manera que Boric fue el bombero del incendio dejado por Piñera y Lula del incendio dejado por Bolsonaro.

Álvaro Uribe, fue acusado y preso por vínculos con grupos paramilitares. De hecho la acusación es importante, pero un tanto ridícula considerando que Uribe fue secretario personal de Pablo Escobar. Eso para empezar.

Entre los años de 1995 a 1997, Uribe fue gobernador de la provincia de Antioquia. Las milicias de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), vinculadas a los grandes terratenientes, se habrían creado en su propia finca.

Las 284 investigaciones contra Uribe habían sido archivadas en comisiones del Congreso.

Su sucesor Juan Manuel Santos, exministro de Defensa del gobierno anterior, presionó para que Uribe fuese juzgado por la Corte Suprema de Justicia, pero eso no pasó.

Los chivos expiatorios fueron varios de los principales colaboradores del gobierno de Uribe han sido juzgados por vínculos con los paramilitares y los cárteles del tráfico.

El imperialismo yanqui y los “santistas”, estos últimos, principalmente a través de la justicia colombiana, han promovido la implementación de una política de desgaste del poder del uribismo. El último caso ocurrió cuando el general de policía Mauricio Santoyo fue sentenciado a 13 años de prisión en EE.UU.

Pero la condenación de Uribe vino como mecanismo de contención de las gigantescas protestas.

Los últimos por lo menos siete gobiernos colombianos fueron gobiernos de la mafia y apoyados por los mafiosos. Más de 80 políticos destacados de partidos políticos tradicionales fueron destituidos por estar comprometidos con el narcotráfico, al igual que 13 de los últimos 16 presidentes del Congreso de la República. Hay generales encarcelados por trabajar con la mafia. El paramilitarismo, que está ligado al Ejército de Colombia, que es controlado por el imperialismo norteamericano, ha sido financiado por el narcotráfico y es parte de la mafia.

Gustavo Petro y América Latina

La elección de Gustavo Petro representa la continuidad de la aplicación de una política específica por el gobierno Biden en América Latina, con el objetivo de descomprimir un poco la presión contra las masas y contener el desarrollo de las tendencias revolucionarias.

El imperialismo norteamericano, que es el dueño de su patio trasero, precisa imponer su pax para continuar y ampliar su política militarista como salida a su peor crisis de todos los tiempos.

La victoria de Gabriel Boric mostró que el gobierno Biden estaba reciclando a los gobiernos de derecha por el enorme desgaste por las políticas aplicadas en los últimos años con el objetivo de aumentar la rapiña de América Latina.

En el caso de Perú, hubo un relativo desliz en que el imperialismo perdió el control de las elecciones, hasta un cierto punto, lo que favoreció la victoria de Pedro Castillo. Pero las “medidas correctivas” no tardaron; los ministros más izquierdistas fueron bajados casi inmediatamente y todos los intentos del “sindicalista” Castillo por huir de la institucionalidad fueron cortados. Al punto en que el presidente hoy enfrenta la posibilidad de ser impedido, incluso con la complicidad de su propio partido.

En Ecuador, el derechista Lasso, que enfrenta enormes protestas, ganó las elecciones con la complicidad de los correístas y de los “indigenistas”. Pero su vida útil llegó al final.

Ahora queda evidente que en el principal país de América Latina, Brasil, el imperialismo impondrá al militante del Grupo de Puebla, controlado por el Partido Demócrata norteamericano, con una característica bastante bizarra. El vice es un elemento de la extrema derecha de la Iglesia Católica y un ex gobernador del Estado de São Paulo, el principal de Brasil, donde aplicó políticas abiertamente “neoliberales”.

Cada vez queda más evidente que hay dos salidas principales para la mayor crisis capitalista de todos los tiempos.

La salida del imperialismo es la guerra, las guerras, las dictaduras, el fascismo y matarnos de hambre.

La salida de los trabajadores, de los oprimidos y de los pueblos es la lucha revolucionaria, de manera independiente de todos los sectores de la burguesía.

Es en ese escenario que los verdaderos revolucionarios debemos actuar.

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