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Haití: de modelo de explotación capitalista a almácigo de luchas

Haití: de modelo de explotación capitalista a almácigo de luchas

En los últimos meses, la situación en Haití se ha radicalizado, y en la última semana la invasión "democrática" por parte de Estados Unidos a manos de Canadá se ha puesto en marcha. Para esto, hay que entender el contexto de Haití...

Las protestas en Haití volvieron a aumentar después de la pandemia retomando las grandes luchas que estallaron en 2018, en contra de la carestía de la vida, la inflación, los altos precios, la falta de combustible y el desempleo.

Las manifestaciones y saqueos han paralizado Puerto Príncipe, la capital, en varias ocasiones.

Hace dos semanas, centenas de haitianos intentaron cruzar la frontera con República Dominicana para escapar de la actual crisis.

Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, del PHTK (Partido Haitiano Tèt Kale), el 7 de julio de 2021, las protestas se intensificaron aún más.

El asesinato fue ejecutado por sicarios con alto entrenamiento militar y armamento de alta tecnología, que hasta pudieron driblar la guardia presidencial.

Posteriormente apareció en la prensa que los asesinos habían sido entrenados por fuerzas colombianas. Pero el problema principal era que el mandato de Moïse ya había acabado, él continuaba en el gobierno, con el apoyo de Trump y de Biden, y la crisis solo aumentaba con las movilizaciones contra Moïse también aumentando.

Cuando el presidente Jovenel Moïse elevó el precio de la gasolina en un 50%  desató otro levantamiento popular. Más de un millón y medio de personas salieron a las calles y forzaron la dimisión del entonces primer ministro Jack Guy Lafontant.

La crisis política pasó debido a la clásica imposición del FMI (Fondo Monetario Internacional) a cambio de un préstamo de poco más de US$ 200 millones, que incluía en el paquete el fin de los subsidios, el aumento de los precios de los combustibles y de la empresa estatal en el sector eléctrico.

Política del imperialismo: matarnos de hambre

El impacto de las medidas impuestas por el imperialismo norteamericano sobre las condiciones de vida del pueblo haitiano es brutal.

Los precios de los productos de la canasta básica aumentan sin parar, principalmente porque prácticamente la gran mayoría son importados.

Según datos de Naciones Unidas, el 65% de la población haitiana vive por debajo del índice oficial de pobreza, el desempleo afecta al 80% de la fuerza laboral y más del 90% de la población casi no tiene acceso a la atención médica.

El expolio de Haití a través del aumento de la presión del imperialismo ha alcanzado alturas apocalípticas. La drástica reducción de los impuestos al arroz en Estados Unidos, llevó a Haití a no producir más arroz, sino a importarlo.

La situación del hambre es tan grave que el barro, mezclado con sal y aceite, es usado como alimento en los barrios más pobres de la capital, Puerto Príncipe.

La situación se volvió más dramática después del terremoto de 2010 que dejó a más de tres millones sin un lugar donde vivir.

Mientras tanto, los gobiernos títeres del imperialismo estadounidense están involucrado en el desvío de más de US$ 2 mil millones del programa venezolano de Petrocaribe.

Política del imperialismo: más represión

Haití es el país con más convulsiones sociales en las últimas décadas, especialmente después de 1986, cuando cayó la dictadura de Duvalier y sus comandos de la muerte, los macabros tonton macoutes.

Solo en el año de 2018 hubo tres levantamientos populares, con una insurrección popular en julio de 2018 como vértice, y en 2019 dos levantamientos dejaron casi 100 muertos a manos de las fuerzas represivas.

Jovenel Moïse era un empresario bananero vinculado directamente a Estados Unidos y que se impuso en las elecciones abiertamente fraudadas en 2016. El régimen político quedó paralizado, sin primer ministro desde la caída de Lafontant, durante casi dos años, y con el presidente gobernando por decreto.

Jovenel Moïse era una marioneta del imperialismo, pero los sucesores han sido aún peores. Más débiles, más entreguistas. Claude Joseph que duró apenas un mes en el cargo. Ariel Henry que es primer ministro desde julio de 2021 podría ser calificado como marioneta de las marionetas, considerando la extrema fragilidad del conjunto del régimen.

La MINUSTAH, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití por sus siglas en francés, creada por Néstor Kirchner y Lula a instancias de George Bush Jr., estuvo una década y media en el país como un instrumento de la política del imperialismo para evitar una revolución y el contagio en la región. El repudio es enorme por el apoyo a los gobiernos títeres y la violencia contra la población.

¿Salida electoral de la crisis?

Las elecciones generales previstas para octubre de 2019 no fueron convocadas.

Además del Tèt Kale de Möise, la oposición derechista de la “Alternativa de Consenso” para la Refundación de Haití, encabezada por el abogado André Michel, buscaba un cambio cosmético manteniendo el control imperialista y todas las estructuras que llevaron a la bancarrota. Planteó la necesidad de una Asamblea Constituyente y denunció la corrupción del gobierno de Möise, que debería dimitir inmediatamente y ser sustituido por el Tribunal de Casación. Un primer ministro provisional sería del derechista “Sector Democrático y Popular”.

La vacilación del imperialismo por imponer un cambio de régimen político reflejó la crisis generalizada.

La crisis capitalista mundial es tan grande y profunda que el imperialismo enfrenta enormes dificultades para negociar; ahora necesita imponer regímenes ultra reaccionarios para aumentar el expolio de los trabajadores.

El imperialismo busca en Haití mantener la entrega de los minerales, terminar de entregar las pocas empresas públicas que aún existen, viabilizar la industria textil con salarios de esclavos, facilitar la entrada de productos de la agricultura norteamericana y mantener el lucrativo negocio de tráfico de drogas, así como otros negocios “ilícitos”, dentro de la política regional impulsada por la DEA y la CIA.

El llamado “Foro Patriótico” está integrado por más de 60 organizaciones, entre movimientos sociales campesinos y urbanos, partidos de izquierda, sindicatos y políticos de izquierda y pequeño burgueses. El objetivo es la “reforma del sistema político y económico” que comenzaría con la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

El imperialismo ha mantenido en completo ostracismo la cuna de la primera revolución negra y de América Latina (1804). Ante la brutal agudización de la crisis capitalista, el objetivo es transformar a todos los trabajadores latinoamericanos en haitianos.

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