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¿Geopolítica o guerra de clases en la Citi de Londres?

¿Geopolítica o guerra de clases en la Citi de Londres?

Recientemente, la crisis en Gran Bretaña alcanzó un punto de auge como no había sido visto en mucho tiempo. La inflación aumenta como un cohete. Y no olvidemos que no hay nada más revolucionario que la inflación.

Ante la corrida con la deuda pública y el inminente colapso de la Bolsa de Londres, la ex primera ministra Liz Truss se vio obligada a volver atrás en las medidas económicas anunciadas, principalmente en la reducción de los impuestos para los ricos, que sería financiado por la deuda pública.

Lo que iría costarle a los cofres públicos un poco más que 40 mil millones de libras esterlinas, acabó costándole más de 65 mil millones por medio de un plan de recompra de los grandes detentores de los títulos públicos.

En medio a la mayor crisis capitalista de todos los tiempos, los “remedios” mágicos del thatcherismo tienen el potencial de llevar una de las principales potencias imperialistas a la bancarrota.

La crisis aprieta tanto que vimos como esta misma ministra tuvo un proceso expreso por el cargo, durando 45 días.

Los CDS (Credit Default Swap) usan como principal mecanismo de fianza de la especulación financiera los mismos títulos públicos, razón por la cual había el riesgo de su fuerte desvalorización y la bancarrota de varios de los principales grandes especuladores financieros que controlan la Citi de Londres, el gran centro de la especulación financiera mundial.

Uno de los más afectados habrían sido los fondos de pensión que están totalmente vinculados a la especulación financiera, pero tienen impacto directo sobre la pensiones privadas.

El gran diferencial del período actual en relación a las décadas de 1980 y 1990, es la profundidad de la crisis capitalista, la inexistencia de centenas de millones de trabajadores dispuestos a ganar salarios de hambre y principalmente los obscenos volúmenes de capitales ficticios de los cuales dependen las ganancias de todas las super grandes empresas que controlan el mundo.

A eso hay que sumarle que la guerra en Ucrania y las sanciones impuestas por el imperialismo norteamericano ha generado la subida acelerada de los precios de la energía lo que se transformó en un factor inflacionario crucial poco antes de la llegada del crudo invierno europeo.

Los déficits fiscales y de las cuentas corrientes (la suma del déficit comercial y los pagos de dividendos e intereses a los acreedores extranjeros) se reflejan en el rápido aumento de la ya enorme deuda pública.

Mientras los gastos militares solo aumentan, los ingresos de capitales especulativos han caído. Ni hay que decir que la actividad industrial entró en enorme decadencia.

La inflación aumenta como un cohete. Y no olvidemos que no hay nada más revolucionario que la inflación.

Durante la “pandemia”, fueron destinados en torno a 30 billones de dólares para rescatar a las grandes empresas de su inevitable bancarrota. La estabilización duró aproximadamente dos años.

Ahora con la escalada de la guerra, los gastos militares han podido hacer mover al complejo industrial militar, pero el endeudamiento generalizado sólo aumenta.

La bancarrota industrial europea es solamente el prenuncio de las bancarrotas generalizadas.

Las nacionalizaciones de empresas han aumentado en Alemania e Italia. El capitalismo de estado se fortalece, pero la estabilización de las ganancias, mismo que de manera relativa, depende de muy fuertes ataques a los trabajadores y a las masas.

El aumento agresivo de las tasas de interés impacta en lleno los costos y la oferta debido a la dictadura del dólar sobre la economía mundial.

La destrucción parcial de la industria genera enorme desempleo, lo que junto con el aumento de la inflación, representa el combustible ideal para la desestabilización del sistema capitalista mundial.

La crisis de liquidez que se ha repetido con gran frecuencia en el último período es un potencializador del endeudamiento y de la crisis capitalista mundial.

La política de la potencia hegemónica, el imperialismo norteamericano, es una política de guerra donde el peso principal recae sobre los trabajadores y las demás potencias capitalistas.

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