Los Estados Unidos y las guerras actuales

Los Estados Unidos y las guerras actuales

Guerras, Crisis, Estados Unidos y el futuro mundial.

Los Estados Unidos viven su mayor crisis histórica y precisan de la guerra para mantener la economía funcionando, a partir del complejo industrial militar, que es lo que ha estado sucediendo desde la guerra en Ucrania, iniciada en febrero de 2022.

La guerra en Ucrania ya está perdida, lo que no implica en que los rusos podrán tomar toda Ucrania, para lo cual precisarían movilizar por lo menos dos millones de soldados, más del doble de lo que tienen movilizados hoy, y aún enfrentar la desestabilización interna posterior, principalmente en la región occidental de Ucrania. Lo más probable es que intenten tomar los territorios al este del Río Dnieper e imponer un gobierno neutral o pro ruso, impidiendo que Ucrania se integre a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

Los Estados Unidos deberán seguir con su política de militarización intensiva de toda Europa, principalmente la Europa Oriental y más específicamente Polonia.

El imperialismo norteamericano maniobra para evitar la derrota de su estado sionista en el marco de la guerra en el Oriente Medio porque implicaría no sólo en la derrota del sionismo sino también en la retirada de una buena parte de las bases militares y de su control de la región, del petróleo y de “otras cositas más”, como una parte importante del flujo del comercio entre Asia y Europa, o la aproximación de varios países de la región a China; o aún peor, el fortalecimiento de los movimientos nacionalistas y revolucionarios en un proceso que podría expandirse por todo el mundo.

Es por esa razón que tanto los Estados Unidos como la Unión Europea han empezado a hablar más alto sobre la posibilidad de imponer algún tipo de solución de los Dos Estados, el palestino y el sionista, donde la AP (Autoridad Palestina) pudiera controlar Palestina subido en un tanque israelí.

En la reunión de la APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico), que sucedió en estos días en San Francisco, California, los Estados Unidos y China hicieron algunas aproximaciones, pero no tocaron los puntos más importantes, como el control de la tecnología que China puede importar o las relaciones de China con Rusia e Irán.

El objetivo principal de los Estados Unidos fue contener la apertura de un tercer frente de guerra -a partir de Taiwán o Filipinas, que es donde las provocaciones estaban más avanzadas-  porque busca en el próximo período alguna reducción del ritmo de las guerras en el mundo hasta no resolver la cuestión de Israel, que es una especie de revolver apuntado contra las cabezas de los pueblos árabes.

Los Estados Unidos precisan que el complejo militar siga funcionando a todo vapor, como sucede desde la guerra en Ucrania; seguir apretando el control sobre Europa, Japón, Australia y Corea del Sur; seguir aproximándose a India y el Sudeste Asiático; avanzar en las zonas de influencia “naturales” de Rusia y China, como ya lo están haciendo en Mongolia, Armenia y Asia Central; no perder posiciones importantes en África y en el Oriente Medio; y mantener el control absoluto de su patio trasero, América Latina, que es su retaguardia estratégica, para poder volver a aumentar su política de guerra como salida para su crisis.

El papel que el imperialismo norteamericano le ha impuesto a su patio trasero, América Latina, es de un aprieto mucho más fuerte, con el objetivo de servirle de retaguardia para irse a una gran guerra, como salida para su crisis, debido a la imposibilidad de poner en pie una política más estructural como lo fue el llamado «neoliberalismo» en la década de 1980, o como lo había sido antes el New Deal de Roosevelt, pero que de hecho sólo pudo contener la crisis cuando los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial.

Para aplicar esa política, un Trump 2.0, pero más controlado, podría ser tan o más efectivo que un nuevo gobierno de los Demócratas. Todo dependerá de la evolución de la situación política mundial en los próximos 10 meses.

Si Estados Unidos tendrá éxito en la aplicación de esa política aún no lo sabemos, pero es evidente que no dejará de lado su hegemonía sin ser derrotado militarmente, lo que probablemente implicará en una guerra nuclear.

El común denominador de todas las guerras es que, a pesar del aumento del funcionamiento del complejo industrial militar, también aumentan la desestabilización social y llevan inevitablemente a revoluciones.

Y por detrás de la guerra está la mayor crisis capitalista de todos los tiempos.

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