La mujer y la lucha contra la dictadura: AÑOS 80 EN EL MAGISTERIO EN #CHILE

La mujer y la lucha contra la dictadura: AÑOS 80 EN EL MAGISTERIO EN #CHILE

Como hija de profesores y con mi madre dirigente del Magisterio, recuerdo a los maestros batallando continuamente por sus derechos

En el contexto del Día Internacional de la Mujer, la visión del 8 de marzo como un evento meramente comercial ha generado debates acerca de la verdadera esencia de esta fecha. Este texto tiene como objetivo principal explorar y destacar la participación femenina en las luchas populares y clasistas a nivel global, desafiando así la simplificación del significado del 8M. Escrito por Olivia, una activa integrante de la RED AIDDHF, este material se sumerge en la historia de la lucha del magisterio contra regímenes dictatoriales, una batalla en la que ella misma participó, para luego proyectar reflexiones pertinentes a nuestro tiempo presente. En este sentido, se busca resaltar la importancia de reconocer el legado de resistencia y compromiso de las mujeres en la lucha por la justicia social, trascendiendo las narrativas comerciales y reivindicando la esencia original del Día Internacional de la Mujer.


Los 80 fueron años muy duros para chilenos y chilenas. A los profesores la miserable remuneración que recibíamos no nos alcanzaba para vivir. Hasta hambre pasamos. Por esos años me asocié a la AGECH y fui dirigente por el liceo municipalizado en el que trabajaba.

La AGECH, Asociación Gremial de Educadores de Chile, fue una histórica organización de profesores chilenos opositores a la dictadura de Pinochet, que se fundó a fines de 1981 y fue presidida por el entonces dirigente comunista Jorge Pavez.

“Fue una agrupación que se distinguió por su carácter democrático, participativo y pluralista. Defendió derechos elementales de los profesores, tales como la estabilidad en el cargo, el derecho al perfeccionamiento gratuito, la promoción por méritos, el ingreso mediante concursos, una remuneración de acuerdo a la calidad de su función, y el legítimo derecho a las vacaciones.”

La consideración y valoración de las mujeres fue también una preocupación de la AGECH. Como dirigentes mujeres asistíamos a continuos seminarios que, si bien no tenían un enfoque de género (cosa todavía en pañales), manifestaban un reconocimiento de la condición desmejorada de la mujer en una sociedad patriarcal, particularmente en Chile y en dictadura. Al respecto, y en el intento de derrotar al dictador, recuerdo haber asistido a muchas marchas con mi hijo de 6 meses de edad, pues no tenía quien lo cuidara.

Hasta 1973, los profesores chilenos estaban organizados en el S.U.T.E., SINDICATO UNICO DE TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN. En éste se agrupaban profesores, auxiliares de servicio, inspectores, directores, administrativos, etc. No existía diferencia entre maestros, profesionales y trabajadores. Su disolución fue una de las primeras medidas que la dictadura tomó para disociar a una agrupación poderosa como la de los trabajadores de la educación. También continuaron el proceso de eliminación de las Escuelas Normales, iniciado por Eduardo Frei Montalba, a las que identificaban como “antro de marxistas leninistas”.

Y claro, en Chile la formación de maestros se realizaba a través de las Escuelas Normales, en las que los estudiantes aspirantes a maestros ingresaban tempranamente, casi en la adolescencia, adquiriendo una impronta de profundo compromiso con la educación pública y un perfil integral que la ciudadanía reconocía y valoraba. En las Escuelas Normales los jóvenes profesores formaban su consciencia social; razón por la cual la dictadura no podía dejarlas en pie, sino terminar el proceso de su eliminación iniciado por Frei Montalba, durante su mandato.

Como hija de profesores y con mi madre dirigente del Magisterio, recuerdo a los maestros batallando continuamente por sus derechos. De niña, en Antofagasta, la ciudad de Chile en que me crie, tuve ocasión de participar de las “Ollas Comunes” que el Magisterio organizaba cuando se iban a huelga por algún incumplimiento salarial de parte del Estado o simplemente para ser escuchados en sus demandas. Todas las familias de los profesores asociados comíamos juntos. Y no era porque fuera bonito, sino porque el gobierno no pagaba remuneración a los huelguistas, por tanto, los profesores movilizados debían “arreglárselas” para comer y vivir.

El Colegio de Profesores de Chile, fundado en octubre de 1974, lo impuso la dictadura, obligando a todos los profesores a asociarse, como requisito para ejercer. Por cierto, sus dirigentes nacionales, regionales y provinciales eran designados por la autoridad militar.

Los años 80 no sólo fueron duros en relación a los ingresos que no permitían a los profesores satisfacer las necesidades básicas de sus familias, sino también en relación a la violencia y el terror generado por la dictadura, amparada en el empresariado chileno. El Magisterio y la AGECH tuvieron situaciones muy duras que enfrentar. En 1984, la CNI asesina al profesor Patricio Sobarzo, militante del MIR. Recién el 2018 fue capturado el ex CNI, último prófugo de este asesinato.

En 1985, siete dirigentes fueron secuestrados desde el local metropolitano de AGECH, por la CNI y Carabineros de Chile. Seis de los siete profesores fueron dejados a las pocas horas, siendo despojados de sus documentos y dinero, en despoblados fuera del límite urbano de la ciudad. El otro profesor mantenido rehén fue apresado en el cuartel Borgoña de la CNI, para después ser pasado a la Primera Fiscalía Militar de la época, siendo liberado días después. Este hecho fue el presagio de los crueles acontecimientos posteriores que terminaron en el asesinato y degüello de 3 profesionales comunistas, dedicados a la defensa de los DDHH en Chile: Manuel Guerrero, profesor y miembro de AGECH, José Manuel Parada, Sociólogo de la Vicaría de la Solidaridad y Santiago Nattino, publicista.

En 1985 también, la dictadura cedió a la presión de los profesores para llamar a elecciones de la dirigencia del Colegio de Profesores, hasta ese momento, en manos de la dictadura. Los dirigentes de AGECH, en asamblea nacional tomamos una decisión dolorosa y a la vez heroica: poner fin a nuestra agrupación en pos de la unidad del Magisterio. No sé si valió la pena esta decisión, pero sí sé que nuestro anhelo de alcanzar la unidad gremial en un país arrasado por la violencia de Estado, fue de una profunda honestidad.

COMPARTIR:

Facebook
Twitter
Pinterest
LinkedIn

Deja un comentario

Plataforma Latino Americana