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Honduras: un golpe de estado atrás del otro

Honduras: un golpe de estado atrás del otro

Honduras se convirtió en un país independiente en 1838.

En 1839, promulgó su primera Constitución y el primer presidente fue elegido constitucionalmente.

En 1841, fue el conservador Francisco Ferreira. Desde entonces hasta hoy, el número de militares que asumió el mando del país fue muy superior al número de civiles.

En el siglo XX, se convirtió literalmente en una república bananera. La fruta fue su principal exportación con empresas estadounidenses a la cabeza, entre las que destaca la United Fruit Company. Incluso Nicaragua, en 1911, interfirió en las elecciones del país que vivió en rebeldía durante dos años.

Estados Unidos intervino con fuerzas militares para proteger los intereses de sus empresas.

Un largo período de inestabilidad duró hasta 1932 cuando fue electo Tiburcio Carías Andino quien como presidente realizó reformas constitucionales que le permitieron convertirse en dictador, manteniéndose en el poder hasta 1949, a pesar de las convulsiones generadas por las crisis económicas provocadas por el excedente de producción de banano, lo que a su vez generó desempleo.

Una revuelta derrocó a Andino. En su lugar entró Juan Manuel Gálvez.

En 1954, los militares retomaron el poder con el objetivo de restablecer un régimen pseudodemocrático. También fue en ese año que se produjo la gran huelga de los trabajadores de las bananeras, quienes ganaron algunos derechos laborales.

En 1957 hubo elecciones más pacíficas y resultó elegido el liberal Ramón Villeda Morales, quien creó una nueva Constitución e intentó la reforma agraria.

La oligarquía hondureña, asustada por la Revolución Cubana de 1959, apoyó un golpe de estado en 1963. Asumió el gobierno el coronel Osvaldo López Arellano, quien permaneció en el poder hasta 1974.

La dictadura continuó con la “guerra del fútbol” librada con El Salvador. Los militares se mantuvieron en el poder hasta 1971, cuando resultó electo Ramón Ernesto Cruz, pero en el año Al año siguiente, en un nuevo golpe militar, el general López Arellano retornó al poder.

En este período, los militares tomaron algunas iniciativas reformistas como la reforma agraria, la nacionalización de los bosques y la nacionalización de algunas empresas extranjeras. Todo a costa de mucho endeudamiento externo y corrupción.

Luego de nueve años consecutivos de dictadura militar, en 1981 hubo elecciones y resultó electo Roberto Suazo Córdova, del Partido Liberal y al contar con el apoyo de Estados Unidos ofreció al país ser la base militar de la “contra” en la lucha contra la revolución nicaragüense.

Recién en 1986 se realizaron elecciones sin la interferencia directa de los militares. Pero Honduras siguió sobre el control directo del imperialismo norteamericano.

La década de 1980 estuvo atravesada por un verdadero estado de terror porque los países vecinos se encontraban en medio de un conflicto de guerra civil y Honduras sirvió de base para la represión, que alcanzó no solo a los refugiados, sino a los propios ciudadanos del país bajo sospecha de dar cobijo a prófugos. o por simples razones ideológicas o religiosas.

La crisis económica se agudizaba con el aumento de la deuda externa y la falta de nuevos dividendos por la falta de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En 1990 otra gran crisis económica provocó el paro de los bananeros e intervino el Ejército. Pero el Ejército ya no tenía la fuerza política de épocas anteriores, y el apaciguamiento de Centroamérica permitió reactivar el comercio regional.

La nueva etapa estuvo marcada por el consenso neoliberal que alcanzó a toda América Latina. A principios de siglo En el siglo XXI, el neoliberalismo se agotó y las políticas estatales de inversión en áreas sociales recuperaron su peso relativo, que en realidad se inició en 1994 con la elección de Carlos Roberto Reina.

En 2006, Manuel Zelaya fue elegido presidente, pero antes de terminar su mandato, en 2009, sufrió un golpe de Estado porque pretendía realizar un referéndum para poder ser reelecto, el Poder Judicial declaró inconstitucional el referéndum, los militares también se opusieron y el La Corte Suprema decretó la detención del presidente.

Hasta el día de hoy, la Constitución hondureña no permite la reelección, pero Juan Orlando Hernández, obtuvo una orden de la Sala Constitucional de Honduras para ser candidato en 2017 y ser reelecto mediante fraude.

Honduras aparece en primera línea marcando la política predominante del imperialismo desde ese momento: endurecimiento del régimen político, de manera generalizada, con el objetivo de imponer fuertes ataques contra las masas. El gran capital necesita desesperadamente contener la caída de la tasa de ganancia lo que lo ha llevado a la guerra. Estos ataques inevitablemente volverán a poner en movimiento a las masas trabajadoras.

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