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Irán: ¿Revueltas populares o “revolución colorida”?

Irán: ¿Revueltas populares o “revolución colorida”?

Nos nos equivoquemos, las “revoluciones coloridas” no son montadas a partir de la nada. La burguesía, por medio de sus agentes y de sus servicios, buscan desestabilizar otros gobiernos y regímenes políticos a partir de los problemas y reivindicaciones más sentidos.

Volvieron a estallar revueltas populares en Irán. En cierta medida han sido parecidas con las revueltas del 2009. 

De esta vez, la indignación popular estalló a partir de la muerte de Mahsa Amini, una mujer, que fue detenida por la policía por no estar usando el velo islámico de manera adecuada, y según medios de información fue golpeada hasta la muerte en una comisaría de policía.

Ese acontecimiento llama la atención porque Irán es uno de los países musulmanes más liberales en ese sentido. Las mujeres usan el velo hasta la mitad de la cabeza, mostrando el cabello en la parte posterior. En la mayoría de los países islámicos, las mujeres son obligadas a cubrirse todo el cabello.

En Teherán, es muy común que las mujeres usen el velo islámico casi cubriendo solo la nuca.

También llama mucho la atención que las revueltas hayan aparecido enseguida que Rusia bombardeó con precisión cirúrgica la ciudad de Odesa usando drones iraníes.

La prensa burguesa occidental ha propagandeado que los sectores más conservadores se hayan fortalecido con el presidente Ebrahim Raisi. 

Excesos por parte de la policía iraní, que también cumple la función de policía religiosa, no deben ser descartados, aunque esa policía es mucho más tolerante, podría decirse que infinitamente más tolerante, de lo que son las policías religiosas de las monarquías del Golfo Pérsico.

En fin, la policía es el principal instrumento del estado burgués para controlar a la población y defender a las clases dominantes.

Irán es un estado burgués que desde la Revolución Iraní de 1979 mantiene importantes contradicciones con el imperialismo, principalmente el imperialismo norteamericano y los sionistas israelíes, y que ha mantenido una política de independencia nacional importante. Pero sigue siendo un estado controlado por sectores de la burguesía nacional que mantienen importantes privilegios sobre la mayoría de la población.

¿Revolución colorida?

Lo que ha sido denominado “revolución colorida” se refiere a la política de “soft power” (o poder liviano) aplicada por el imperialismo para subvertir estados con los cuales mantiene contradicciones e imponer gobiernos que puedan controlar mejor.

Esa política se desarrolló con mucha intensidad a partir de la caída del Muro de Berlín, como la política “democrática” del imperialismo que buscaba imponer el llamado “neoliberalismo” y su “democracia imperialista” en contra de la “dictadura comunista”.

Dos cuestiones son muy importantes para entender las “revoluciones coloridas”. En primer lugar, la política de “soft power” no está separada por un Muro de Berlín de la política de agresión abierta. Son, de hecho, dos componentes de la misma política de agresión militar del imperialismo, y de las principales potencias capitalistas, para imponer sus intereses, en contra de las demás potencias y principalmente en contra de los trabajadores y de los pueblos.

En segundo lugar, las “revoluciones coloridas” no son montadas a partir de la nada. La burguesía, por medio de sus agentes y de sus servicios, buscan desestabilizar otros gobiernos y regímenes políticos a partir de los problemas y reivindicaciones más sentidos, que son explotados y canalizados por las vías que ellos controlan.

Las contradicciones sociales y políticas de Irán son grandes e intensificadas por las sanciones y agresiones del imperialismo y de los sionistas israelíes.

En este caso concreto, todo apunta a una clara intervención del imperialismo con la complicidad de los sionistas israelíes y tal vez también de los saudíes, con el objetivo de desestabilizar el régimen de los Ayatollahs y contener su creciente aproximación con Rusia y China.

La posición de los revolucionarios debe ser defender toda oposición contra el imperialismo que es el principal enemigo, pero al mismo tiempo, las acciones de las burguesías locales contra sus trabajadores y sus pueblos también deben ser denunciadas, así como sus vacilaciones y tendencias a la conciliación con el imperialismo.

Y no, eso no es una contradicción, contradictorio sería pensar que no podemos denunciar y exigir la libertad de las mujeres y poner una lupa sobre los intereses de quienes amplifican y dirigen el sentir de las personas en favor de sus propios intereses imperialistas que nada tiene que ver con las reivindicaciones base.

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