Nicaragua 98 años del nacimiento de Ernesto Cardenal

Nicaragua 98 años del nacimiento de Ernesto Cardenal

Apesar de grandes revolucionarios como Ernesto Cardenal, Sacerdote, poeta y uno de los lideres revolucionarios de #Nicaragua, la revolución Sandinista se desvió. Sepa las causas de este desastre y nuestro homenaje al gran Ernesto cardenal.

Sacerdote y poeta revolucionario

El 20 de enero de 1925 nació Ernesto Cardenal, el religioso de la Teología de la Liberación, que surgió sobre la influencia de la Revolución Cubana de 1959, y uno de los líderes de la Revolución Sandinista.

Él fue ministro de la Cultura en el gobierno que surgió con la derrota de la Dictadura de Anastacio Somoza Debayle, en 1979, hasta el año de 1987, cuando el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) fue derrotado por la derecha en elecciones.

El Papa Juan Pablo II en su visita a Managua, en el año de 1983, invitado por el FSLN, lo atacó públicamente, como uno de los pasos previos a la disolución de la Teología de la Liberación.

Ernesto Cardenal vivió durante algunos años en la ciudad de León, donde había pasado su infancia el gran poeta nicaragüense Rubén Darío, en cuya basílica está enterrado. Es en este ambiente que Cardenal comenzó su vida de escritor.

Entre 1942 y 1946, estudio filosofía en la de la Universidad Autónoma de México y en seguida pasó por la Universidad de Columbia en Nueva York, donde tuvo contacto con la poesía de Ezra Pound que le ejerción gran infuencia.

Pero la influencia principal sobre el poeta fue de Rubén Darío, Pablo Neruda, Rafael Alberti y Federico García Lorca, que lo llevaron a convertirse en poeta diáfano y de tono épico que predomina en su obra.

En 1965, fue ordenado sacerdote. Desde ese momento integró su poesía a su militancia política y religiosa.

El poeta es el autor de poesías revolucionarias famosas, como Canto Nacional, Vuelos de victoria, Pasajero de tránsito; y libros de memorias como Las ínsulas extrañas y La revolución perdida.

Ernesto Cardenal, que había participado también de la Revolución de Abril de 1954 contra Somoza, falleció hace tres años, en 2020. El ya había roto con el sandinismo liderado por Ortega, por su integración al régimen burgués y sus políticas antipopulares.

El desvío de la Revolución Sandinista

La revolución iniciada por los trabajadores nicaragüenses se desvió hacia una reforma política que garantizara el mantenimiento del Estado burgués.

Esa política se fortaleció por el atraso del país, el inicio de la decadencia de la Unión Soviética y la acomodación del gobierno Cubano a la convivencia con el imperialismo norteamericano, abandonando la política internacionalista y de apoyo a las revoluciones latinoamericanas lanzada con la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidariedade).

El 17 de julio de 1979 el pueblo de Nicaragua derrocó la dictadura de Anastasio Somoza. Desde que EE.UU. realizó su primera incursión en Nicaragua, en 1855, el país ya había sido invadido cuatro veces por fuerzas militares extranjeras, siendo 1979 el año en que las masas nicaragüenses, organizadas en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), impusieron una derrota al imperialismo y su gobierno títere.

La política de la dirección reformista unida en el FSLN asfixió todas las perspectivas de Nicaragua de convertirse en un estado obrero y, en consecuencia, de independizarse del imperialismo y abrir un nuevo camino para su desarrollo nacional.

Hoy el FSLN, liderado por Daniel Ortega, no sólo convive pacíficamente con los explotadores y asesinos del pueblo, sino que ha hecho de todo en estas últimas cuatro décadas por defender el Estado burgués, la conciliación de clases y la propiedad privada. 

Si, por un lado, el imperialismo yanqui buscó llevar al país al colapso económico y social, financiando una guerra civil en la década de 1980 que provocó la muerte de más de 50.000 personas, la política seguida por el FSLN y su principal dirigente, Daniel Ortega, llevó la revolución a un callejón sin salida, forzando la marcha del proceso revolucionario a través de la colaboración política con el imperialismo y sus agentes locales en un régimen de común acuerdo, con fachada democrática.

El fracaso del sandinismo es resultado de su política en común con los enemigos de la revolución, sus concesiones políticas y económicas y su represión contra sectores verdaderamente revolucionarios.

El FSLN y la burguesía nacional se unieron para derrocar al régimen de Anastasio Somoza en torno a un punto común. En un principio, esta unión se presentó como una maniobra política “táctica”, pero tras el derrocamiento del gobierno, la alianza quedó bajo la bandera de la “reconstrucción nacional” de Nicaragua, devastada por la sangrienta dictadura contra las masas. 

Esta política “estratégica” –unidad nacional, democracia pluralista– permanece, sin embargo, hasta hoy y sirve únicamente a los intereses de la burguesía, imponiendo una barrera a la organización proletaria independiente.

La revolución iniciada por los trabajadores nicaragüenses fue desviada, en el apogeo de su curso, por una reforma política que salvaguardaba, sobre todo, el mantenimiento del Estado burgués. 

Los explotadores nacionales, en completa decadencia frente al régimen proimperialista de Somoza, se abrieron paso hacia la dirección de la revolución a través de la alianza con el Frente Sandinista.

“Despiadado en el combate, generoso en la victoria”, el FSLN instituyó un poder de total tolerancia a la contrarrevolución, ostensiblemente organizada por el imperialismo extranjero. 

Bajo las consignas de “igualdad”, “democracia” y “libertad”, el nuevo régimen, más que nada, temeroso de que la “comunidad internacional” (léase imperialismo) vea a Nicaragua como vio a Cuba, es decir, una régimen de censura y enemigo de las libertades democráticas, el gobierno sandinista, a pesar de haber tomado el poder, nada hizo para garantizarlo con los medios con que lo había logrado, es decir, la movilización revolucionaria de las masas, esto por su compromiso con la burguesía. 

El nuevo gobierno mantuvo a la prensa burguesa en absoluta libertad para hacer propaganda en defensa del antiguo régimen, así como del multipartidismo, manteniendo los partidos contrarrevolucionarios, esto cuando se organizó una guerra civil contra el gobierno popular. 

Además, también decidieron mantener una economía mixta, el llamado Plan de Reactivación Económica, cuyo eje fue la expansión de la producción privada, que en lugar de eliminar el principal punto de apoyo del imperialismo en el país, la fortaleció.

La búsqueda desesperada de la eterna tolerancia con los ex criminales somozistas conservó toda la base del statu quo burgués. 

Los terroristas de la Guardia Nacional se salvaron, protegiendo a estos asesinos del juicio popular. 

Las asambleas populares se instalaron solo tres años después de la revolución, tiempo suficiente para que los militares somocistas abandonaran Nicaragua y vivieran en la impunidad. 

Estos mismos monstruos serían poco después reorganizados por la CIA y el presidente estadounidense Ronald Reagan, quienes formarían la guerrilla contrarrevolucionaria más sanguinaria de América Latina, la “Contra”, financiada con la venta clandestina de armas a Irán, en la época en guerra contra Irán, Irak.

La “Contra” actuó en la represión en El Salvador y Honduras, pero principalmente en Nicaragua, donde mataron a más de 50.000 personas. 

El derrumbe nicaragüense generado por la contrarrevolución conduciría a la derrota electoral del sandinismo once años después, cuando el frente proimperialista Unión Nacional Opositora (UNO), encabezado por Violeta Chamorro –viuda de Pedro Chamorro– derrotó en las urnas a Daniel Ortega. 

Este solo regresaría a la presidencia del país en 2007, con el agotamiento de la política privatista y antiobrera, pero esta vez, con los más sinceros saludos del imperialismo mundial, principalmente del imperialismo norteamericano, y con la misión de contener de nuevo las tendencias revolucionarias de las masas.

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