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Editorial: La guerra en Ucrania no parece tener fin, pero …

Editorial: La guerra en Ucrania no parece tener fin, pero …

Toda nueva división del mercado mundial siempre ha dependido de sangrientas guerras, es por esto que las diversas ofensivas que aparecen como aisladas no es más que parte de un juego de ajedrez muy bien organizado.

El gobierno de Zelenski retiró el grupo de negociación con Rusia.

La ofensiva del Ejército de Ucrania en el sur, para retomar la ciudad de Kerch, no pasó de una farsa, probablemente destinada a seguir moviendo los complejos industriales militares de los países imperialistas.

La Unión Europea está destinando cinco mil millones de euros como ayuda a Ucrania mientras los Estados Unidos mantienen la ayuda financiera, el envío de armas y de asesores militares, así como el apoyo político.

El G7 (grupo de las siete mayores potencias, menos China) acordaron establecer un techo máximo para las exportaciones de petróleo ruso. El gobierno ruso anunció que no le venderá petróleo a quien intentar imponer un techo en los  precios de sus exportaciones.

La guerra en Ucrania le fue impuesta a Rusia bajo la amenaza de Ucrania no solamente entrar en la Unión Europea y en la OTAN (Organización del Atlántico Norte), sino de establecer armas nucleares en el país, lo que dejaría a Moscú muy vulnerable.

Después de haber repasado miles de millones a los grandes capitalistas, con los estados burgueses manteniendo a los pueblos bajo estado de sitio, casi estalló nuevamente la economía capitalista a finales del año pasado, por lo que la salida para mantener el estado de shock generalizado preciso ser más fuerte.

Los efectos colaterales no se han dejado esperar y crecen a cada día.

Efectos colaterales de la situación de guerra

Todas las políticas siempre tienen efectos colaterales. En el caso de las políticas burguesas es aún peor porque se trata de un sistema en decadencia terminal.

El problema central de la economía capitalista es el acúmulo de volúmenes de capitales ficticios que crecen como una bola de nieve.

El papel de las crisis capitalistas es limpiar el mercado de esos capitales ficticios/ especulativos. Pero en vez de eso haber pasado, principalmente desde la Segunda Guerra Mundial, y de manera superlativa desde la década de 1980 con la imposición del llamado “neoliberalismo”, las ganancias de las grandes empresas más y más pasaron a depender de la especulación financiera.

El objetivo de la guerra en Ucrania, aparte de crear un mecanismo para mantener bajo control a los trabajadores y los pueblos, se relaciona con bloquearle a China, que es la principal potencia enemiga del imperialismo norteamericano, su principal aliado, Rusia.

Parcialmente eso fue conseguido, al atacar las exportaciones de petróleo y de gas rusos a Europa; imponerle sanciones a sus empresas militares y expulsarla de las transacciones internacionales por medio del sistema SWIFT, que es controlado por los Estados Unidos.

Los efectos colaterales se han vuelto cada vez más abultados.

El precio del gas saltó en Europa de poco más de mil euros a 3.000 euros.

La inflación en los Estados Unidos y en todo el mundo rompió los récords de los últimos 40 años.

La inflación en la Zona del Euro saltó de casi 0% para 9,1% anuales, según el EuroStat.

La crisis capitalista mundial avanza sin parar. En América Latina, la década perdida de los años de 1980 amenaza retornar aún con más fuerza.

Rusia se aproximó mucho más de China, mientras India y Turquía (éste es un miembro de la OTAN) hacen lucrativos negocios sustituyendo a las empresas europeas y norteamericanas, y obteniendo energía con suculentos descuentos.

Las transacciones internacionales por fuera del dólar norteamericano sólo crecen. Y no olvidemos que esta fue una de las razones principales de las invasiones de Irak y Libia.

Las tendencias centrípetas de la “multipolaridad” y la revolución

En esta semana, hasta Argentina e India acordaron la compra de un jet en moneda nacional.

Las contradicciones golpean a todos los países capitalistas, pero en primer lugar a las potencias dominantes, principalmente al imperialismo norteamericano y a Europa.

El gobierno chino y ruso intentan impulsar la “multipolaridad” en contraposición a la dominación unilateral ejercida por los Estados Unidos. Algunos avances han conseguido, por ejemplo en las relaciones con los países atrasados, tanto de América Latina, África y Asia.

Las contradicciones entre China y países importantes, como Indonesia, en el Mar del Sur de China, se han podido controlar sin que pasen a mayores. Los momentos de mayores tensiones han pasado en torno a Taiwán por causa de la intervención directa de los Estados Unidos.

Para China posicionarse como una potencia de primera orden en el restricto club del control del mercado mundial precisará derrotar militarmente al imperialismo norteamericano, pues es él el que lo controla.

Toda nueva división del mercado mundial siempre ha dependido de sangrientas guerras.

Imaginarnos que esa operación de “multilateralidad” podría ser conseguida ampliando a los BRICS solo puede ser mera imaginación de incautos, a la Lula da Silva, o ocultación de la realidad direccionada.

Conforme la crisis capitalista avanza, el régimen político también entra en crisis. El imperialismo norteamericano aprieta a nuestra región pues la considera parte de su patio trasero, al cual lo precisa tener pacificado para irse a la guerra. Y a parte de eso, como fuente de materias primas y mano de obra barata.

Las elecciones en Brasil muestran que la política del gobierno Biden sigue siendo la de imponer gobiernos “izquierdistas” muy derechizados, tal cual lo hizo en Chile con Boric y en Colombia con Petro. El objetivo es descomprimir un poco la presión sobre las masas ejercida por los gobiernos derechistas anteriores.

El aprieto del régimen político lleva a todo el sistema a la locura. La histeria colectiva explica hasta que en la pacífica Argentina un “loco” haya intentado asesinar a la vice presidente Cristina Kirchner.

La presión del capital nos puede dejar locos pero va volviendo la presión sobre los trabajadores y las masas insoportable.

Las luchas siguen pululando en todo el mundo. Aún son pequeñas para derrotar al capitalismo. No obstante, se acumulan y crecen.

La experiencia de Afganistán en este contexto, nos obliga a hacer una reflexión. No basta tomar el poder en un determinado país y querer aislarse del mundo. El imperialismo, mismo después de haber sido derrotado, impondrá inevitablemente un fuerte cerco.

La revolución para ser triunfante, a parte de deber estar dirigida contra el capital, debe tener un carácter internacionalista. El proceso revolucionario debe culminar quebrándole la espina dorsal al capitalismo, el los países avanzados.

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